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Artículo de opinión del Presidente de Fundación Alex en La Vanguardia

Gabriel Masfurroll El mundo que se avecina será muy distinto del actual, con nuevas reglas de juego y una redefinición del modelo de vida. Lo establecido se resiste a cambiar, una reacción muy nuestra. El ser humano es reacio al cambio y mucho más si está en posición de control. Pero los movimientos son beneficiosos, ya que buscan acechar el inmovilismo de figuras que siguen ocupando posiciones que deberían generar valor sin conseguirlo. Toca cambio, pero de verdad. Las generaciones que están al frente deben dejar paso a los jóvenes que surgen con afán de liderar. Por suerte, la historia es cíclica, y el progreso, un fenómeno recurrente en nuestra historia. Antes, las formas y los modos eran distintos. Ahora los parámetros de la comunicación han modificado radicalmente los hábitos. El gran cambio debe radicar en la conciencia individual y debe ser el testigo que recojan nuestros representantes. Estamos hablando de un cambio muy profundo, y la ejemplaridad, obligada o no, de algunas personas está acelerando el proceso. Por ejemplo, el papa Benedicto XVI, quien con una decisión insólita decidió retirarse y dar paso a un nuevo papa que sabía de antemano que pertenecía a una corriente de pensamiento distinta de la suya pero con ideas más acordes con los tiempos que vivimos. Un acto de suma inteligencia, generosidad, visión y progreso. Francisco no es joven en edad pero sí en términos de espíritu, convicciones e ideas... Ojalá muchos jóvenes fueran como él.

Las generaciones que están al frente han de dejar paso a la juventud que surge con afán de liderar

El fenómeno se reproduce y es imposible garantizar que todo se hará por la vía del diálogo y la buena voluntad. El gran escollo es el cambio y la incomodidad que supone salir del área de confort. Sólo desde el respeto, la inteligencia y la generosidad conseguiremos salir del final de una era que tuvo cosas muy buenas y otras menos buenas, pero que debe tener como fin consolidar unos niveles mínimos de progreso y bienestar. Un mundo solidario, justo y eficaz, en el que el “nosotros” se imponga al “yo” y en el que unir y construir supere a la desunión y destrucción. No deben importar las razas, las creencias, ni las fronteras, sólo las personas y el respeto. Los mayores, seguramente más desgastados, seguiremos cabalgando, pero entre las huestes y ahí nos tendrán los jóvenes para pedirnos consejo. Y no es problema de edad física, sino mental, de ganas, ilusión y pasión por lo que hagas. Verán que he escrito este artículo en primera persona del plural y se debe a que este artículo que firmo yo, lo he escrito con la ayuda y colaboración de mis hijos Gaby y Paola. No querríamos finalizar estas reflexiones sin una conclusión: comprender es amar y amar es comprender, y por supuesto aceptar que no te comprendo. G. MASFURROLL, presidente de Wings 4 Business

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